Recuerdo lo orgulloso que me sentía por vivir en la Quinta Restaumex, de contemplar esa casa señorial rodeada de árboles, y mientras regresaba de la Prepa Popular, cuando iba justo bajando por el cerro del pueblo, les señalaba a mis amigos la casa diciéndoles: ¿ves esa linda casa al fondo? Si, me decían: esta enorme y es muy bonita. Pues ahí yo vivo, les decía. Nadie me creía, y me tachaban de loco, pero yo me pavoneaba porque sabía que era cierto. Rosemary tuvo la bondad de compartirnos su paraíso, un hermoso lugar donde vivir y ganar nuestra manutención mientras estudiábamos, pero sobre todo nos dió un hogar. La mayoría que veníamos de nuestras pequeñas comunidades, enfrentábamos la soledad bajo el cobijo de toda la solidaridad y amor que se establecía en la Quinta. Por ejemplo, a cada quien se le festejaba su cumpleaños, y teníamos nuestro propio canto:
Hoy te deseamos ohh querido(a) Nombre,
Que en tu cumpleaños seas muy Feliz,
Dios te conserve sano(a) fuerte y bueno(a),
siempre cumpliendo con tu media hora.
-jm
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